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10 octubre 2010

Odio todo esto 4: Dinero y formación

Cenando el otro día con amigos y compañeros surgió una discusión que desencadenó una pequeña batalla campal entre todos los asistentes, y que hoy quiero trasladar a las salas del manicomio. El tema a tratar son las "plazas reservadas" a distintos colectivos que muchos de los lectores conocerán, ya sea porque estén en edad universitaria o porque ya hayan pasado por ella en años anteriores. Para aquellos que no sepan de que hablo, nos referimos a una serie de plazas de matriculación en una carrera, que están reservadas a diferentes colectivos y que establecen su propia nota de corte (nota mínima con la que un estudiante puede ingresar en dicha facultad por primera vez), independientemente de la establecida en el resto de las matriculaciones "normales". Las personas que pueden beneficiarse de esta facilidad son, entre otros, los mayores de 25 años, las personas con discapacidades o los deportistas de alto nivel y rendimiento. Estos últimos, por ejemplo, y en el caso de mi universidad, tienen reservadas un 3% de las plazas. Teniendo en cuenta que hay unas 130 plazas, 4 de ellas serán para un deportista de élite. Así, si en las matriculaciones normales de una carrera de Medicina, la nota de corte se queda en un 8, un deportista, con su plaza reservada, podría entrar con un 5.

Y aquí es cuando comienza la batalla. Por un lado, aquellos que ven esto como algo lógico y normal, es más, como algo necesario. Y por otro, los que vemos en esa reserva de plazas para "deportistas de alto nivel" una locura.

En primer lugar, los pro-deportistas alegaban que esas plazas no se quitaban a nadie, ya que eran aparte del resto. Error. Con la propuesta de la Junta de Extremadura que se aprobó respecto a reservas de plazas delante de mí, se lee claramente que de entre todas las plazas ofertadas por la facultad, un 3% de ellas deben estar reservadas a los deportistas. De entre el total. Es decir, que si esas plazas no son cubiertas por los "élite", se ocuparán con "meros mortales". Conclusión: les están quitando esas plazas a estudiantes que probablemente sean más capaces.

Por otro lado, los pro-deportistas alegaban que hace falta entrenar muchas horas para llegar a ser bueno, y que eso resta muchísimo tiempo que otros pueden dedicar a estudiar, y que por eso mismo, hay que darles facilidades. En efecto, yo tengo más tiempo para estudiar, PORQUE NO ENTRENO PARA SER DEPORTISTA. Ellos han elegido serlo. Yo no. Yo elegí dedicar mi vida a formarme para otra cosa. Si tu pasión es tu deporte y te gustaría dedicarte a ello, hazlo. Pero tetas y sopa no caben en boca.

Por lo que hace Nadal, lo que cabe en boca es otra cosa...

Ante este razonamiento, los pro-deportistas hacían referencia a que es muy importante hacer promoción del deporte, animar y concienciar a la sociedad de su importancia. Si a un chaval que le gusta y que quiere profundizar en sus capacidades físicas no se le dan alicientes para, además, estudiar, nadie entrenaría para poder estudiar, y el deporte profesional acabaría por desaparecer. Un deportista profesional se retira mucho más joven que cualquier otra profesión, y no puede vivir de su disciplina, necesitando un "colchón de estudios" por el que salir cuando su grifo de competiciones se acabe (o cuando fracase en su intento por ser alguien importante). Hasta ahí, puedo aceptarlo (aunque sigo pensando que una vez dejes el deporte, es el momento de ingresar en la universidad, no antes. Si por entrenar desde niño no tienes nota suficiente para hacer algo exigente, pues ajo y agua, no voy a darte una plaza porque tengas el capricho de estudiar eso). Pero si esto es así para los deportistas, ¿por qué no para un músico? ¿O un pintor? ¿Por qué, si un pianista extraordinario emplea en practicar tantas horas como el deportista en entrenar, no se le reserva una plaza? ¿Quiere esto decir que hay que promocionar el deporte, pero no la cultura?

El último argumento que esgrimieron los pro-deportistas antes de que aquello derivase en una sucesión de gritos, alboroto y malas caras, es que un deportista en una competición mundial no se representa a sí mismo, sino a todo el país, y que si gana, Gobierno y Junta va a ir a chupar del bote, aprovechándose del chaval de turno. Pero repito, lo mismo ocurriría con un pintor o músico. Decían, además, que parte del premio por ganar una competición iba a parar a Hacienda. Dinero que luego se usaba para pagar otras becas. Coño, el dinero del deportista y el de cualquier trabajador, que todos pagan a Hacienda, no te jode. Y respecto a lo de que representa a un país, difiero completamente. Una selección, como la de baloncesto, puede. Pero un deportista en categoría individual, no representa a un país. Cuando Nadal gana el Roland Garros, no gana España, gana Nadal. Igual que si Alex de la Iglesia gana el Oscar a la mejor película. Si tu quieres sentirte orgulloso porque un vecino ha ganado algo, adelante, pero no tiene nada que ver con que le tengas que dar una plaza de estudios por ello. Vamos, estoy viendo ahora mismo a un pequeño Fernando Alonso metido en un kart y pensando "Tengo que entrenar mucho mucho mucho, pero no para ser el mejor, sino por la gloria de mi país. ¡El dinero y la fama es lo de menos!".

La conclusión que saqué de todo esto fue que si se dan facilidades a un chaval que juega al fútbol muy bien es porque existe una posibilidad de que ese chaval crezca convertido en el nuevo Maradona, y que gane una obscena cantidad de dinero, del que luego chuparan todos los que le "ayudaron" en su momento. Por el interés, te doy plaza, Andrés. Y lo odio.

Federer llora ante las listas de admitidos en ITI, viendo que Sergio Ramos le ha quitado su plaza.

18 febrero 2010

Odio todo esto 3: El descojone continuo de Antena 3



Seguro que sois muchos los que aún veis series en la tele a la misma bat-hora, en el mismo bat-canal, en lugar de recurrir a conseguirla por mensajero mula y verla tan tranquilos en vuestro ordenador, sin cortes publicitarios (como en la 1). Yo soy uno de esos, de los que tienen cada noche alguna cosa que ver en alguna cadena. Y todas las noches tengo que sufrir que algún subnormal se descojone de mi solo por arañar unos minutos de audiencia. La misma audiencia por la que quedo como un capullo cuando descubro que van a echar las mejores series a altas horas de la madrugada (y varios capítulos seguidos), porque al resto de mis congéneres les interesa más ver como cuatro garrulos sin estudios bailan como si tuvieran ataques epilépticos. Y la misma audiencia que hace que el objetivo de mi odio virulento de hoy se comporte como se comporta (pero algún día os llegará el día, garrulos).

Os hablo de los responsables de las series de Antruño 3. Tanto de los responsables de su contenido, como los de su horario. Vayamos primero a por los más leves: los guionistas. Mirad chicos, me parece de puta madre que alarguéis una serie hasta la extenuación (en realidad no me gusta, es una forma de hablar, pero eso es otro tema). Pero está visto que no sois ningún Alan Moore, ya que escribís las cosas sobre la marcha, y después NO TIENEN SENTIDO. No sois coherentes con lo que habéis contado con anterioridad, os contradecís y en realidad, semana tras semana, no contáis nada. Y ya que estoy... ME JODEN LOS PUTOS PERSONAJES QUE OS SACÁIS DE LA JODIDA MANGA, SÓLO PORQUE OS VIENE BIEN TENERLOS.

¡¡JAJAJAJAJA!! ¡¡JODEOS!! A ver cómo explicáis ahora esto, os la han jugado xD (Seguro que más de uno sabe por qué digo esto)

Puestos a mencionar algún dato en concreto, me gustaría señalar la reciente nueva temporada de los Paco's Men (y que ahora se empeñan en llamar L.H.D.P., cuando saben que toooooodo el mundo va a saltar en voz en grito "¡JA! ¡Los Hijos De Puta!"), en los que en menos de 50 minutos os finiquitáis y os pasáis por el forro tropecientos capítulos de historia anterior. Ole vuestros huevos.

Guionistas de Antena 3: os odio.

Pero, ¡eh!, ¿a dónde vais? Ellos no son los verdaderos objetivos de esta entrada. Los que de verdad se merecen un odio visceral y cargado de veneno mortífero son todos aquellos responsables que hacen posible que las series anunciadas a las 22:15 empiecen a las 22:35... ¡con un resumen de anteriores capítulos de 7 minutos con anuncios en medio! Eso ya te hace empezar la serie con una mala hostia que no te tienes en pie. Pero lo mejor, amigos, se lo reservan para el final: a eso de las 12:15, cuando estás pensando en lo bien que te va a sentar levantarte a las seis de la mañana para ir a clase, a apenas 2 minutos del final... ¡te cascan 10 minutos de anuncios! ¡Y seguro que están en el estudio de realización descojonándose! Aunque he de reconocer que, cuando pensé que no podían ser más Hombres De Paco, me sorprendieron el otro día con la jugada maestra: repetir, después de los 10 minutos de anuncios, la última escena ENTERA. Ahí, arañando minutos de audiencia. Con dos pelotas. ¡Qué maestros!

Antena 3: te odio.

Ojalá la viruela resurja en vuestros conductos de aire acondicionado y en vuestras tuberías. Y alguien haya sellado todas las salidas.

Y ahora, unos minutos de publicidad.

28 mayo 2009

Odio todo esto 2: Mafia-taxi


Nunca hay un taxi cuando lo necesitas. Llegas cargado a la estación de autobuses y cuando sales la parada está desierta. Por fin, un taxi aparece doblando la esquina y te recoge, a ti y a tus pesadas maletas. Y comienza una aventura en la que prometes nunca volver a verte inmerso.

Es cierto que no a todo el mundo le molesta, pero yo pago a un taxista por conducir. No por charlar. Puede que sea debido a timidez, pereza, sentido común o una mezcla de los tres, pero no me gusta gastar saliva diciendo gilipolleces y riendo las gracias de un perfecto desconocido. No te interesa saber por qué voy a un sitio, ni de dónde soy, ni que hago allí. No me interesa ni lo más mínimo saber si estuviste o no en mi comunidad autónoma, ni tu predicción del tiempo demeteorologo aficionado. Tampoco quiero saber lo mal que conducen el resto de mortales. Sólo quiero que me lleves del punto A al punto B, en silencio.

Pero lo peor acaba de empezar. Te fijas en la hoja de tarifas, y te planteas tirarte en marcha del coche:
  • Bajada de bandera: 1,60 €
  • Domingos y festivos: 1,05 € extra
  • Suplemento nocturno: 1,10 €
  • Estación tren o autobús: 0,40 € (¿¿?? éste aún no consigo explicármelo. Es sacar dinero por dónde sea)
  • Maleta: 0,40 € (algo que tampoco. Jamás he entendido por qué cobran más por llevar una puta maleta. ¿Qué pasa, que el hecho de que le coche pese 10 kilos más consume más litros de gasolina?
  • Animales domésticos: 0,75 €
  • Servicio mínimo: 3,20 € (¡¡¡¡¡¡¡Hijos de %&$=!!!!!!!)
  • Servicio mínimo domingo: 4,20 €
  • Servicio mínimo nocturno; 4,60 €
Entendemos ya la naturaleza del horror, ¿no? Yo cuando miraba el taxímetro subir a esa velocidad, aguantaba la respiración, con la esperanza de que no consumir el oxígeno del interior del coche supusiera una rebaja. A la hora de pagar, eché de menos una pistola apuntándome, o una mísera navaja pinchando.

Y lo curioso del asunto es que tienen la cara de decir que si no estaban en la parada de la estación, es porque la gente no suele coger taxis y no les sale rentable estar allí esperando pasajeros. Encima,caraduras.


Ladrones. Estafadores. Usureros. Mafiosos. Os odio.

13 febrero 2009

Odio todo esto


En toda copistería cuelga el mismo mensaje en alguna pared:

"Hoy hace un día precioso, verás como viene alguno y lo jode."

Una gran verdad. En ambos sentidos. Hoy puede hacer un día precioso. De hecho, lo es. Recién terminados los exámenes, con un resultado bueno y con grandes momentos a la vuelta de la esquina: carnavales, viajes varios, noches de diversión... No te importa madrugar, saboreas el desayuno y te dispones a pasar un buen día. Parece que nada podría molestarte en días así.

Te equivocas.

Esta entrada va dirigida a esas féminas sin ningún tipo de sentido común y consideración que llevan sus bonitos zapatos con tacones a la biblioteca. Con ese "toc-toc-toc-toc" taladrante que se te mete hasta el tálamo y te hace arrugar la hoja tus apuntes. A todas aquellas que van a "estudiar" con la idea de vender la carne con sus paseos entre mesas, y que consiguen que te fijes en ellas, pero no de la manera que les gustaría. Te fijas de la misma manera en la que te fijarías en un grifo goteante que no te deja dormir.

Una zorra con tacones, no es más atractiva. Es una zorra más alta.


También va dirigida a todos aquellos que dejan su móvil con sonido en clases, exámenes y otros actos públicos en los que se requiere silencio. Supongo que aprender el complejo sistema de envio y recepción de sms no ha dejado sitio en vuestra limitada capacidad mental para acordaros de que existe un concepto llamado "vibración". Puedo dar un voto de confianza y pensar que en una ocasión pueda olvidarse. Pero entonces el ser humano te sorprende con su estupidez, y ves como el mismo móvil suena dos veces en menos de 10 minutos, porque el propietario no considerado la opción de QUITAR EL SONIDO LA PRIMERA VEZ QUE SONÓ, JODIDO INÚTIL. TE MERECES LA VERGÜENZA QUE PASES. Pero aún mejor es que este hecho ocurra en horas extrañas, como a las 8 de la mañana... ¿¡Quién cojones te llama a estas horas?! Alguien con el que tengas mucha confianza, desde luego. Y si es así... ¿¡Cómo es que ese otro mandril no sabe que tienes clase a esa hora?! Un consejo: quita el sonido. Siempre. El sonido del móvil vibrando sobre una mesa es más que suficiente para saber que te están llamado en casa.



No quiero olvidar a todos aquellos que os esforzáis por joder mis sesiones de cine, acto que considero casi sagrado. A todos aquellos que llegáis tarde a la película y os quedáis parados en medio del pasillo tratando de mirar en la entrada el número de butaca. Estás a oscuras, ¿qué coño te crees, que tienes superpoderes? A todos aquellos que hablais en voz alta, os reís sin control o masticáis palomitas ruidosamente. No estáis en vuestros sofás. No es vuestra "Villa-pocilga". Y aquellos que os levantáis nada más acabar la última escena y os ponéis en el puto medio para que no pueda ver los créditos. Y aún peor si descubrís que aún falta una escena final, y os quedáis de pie a verla, dejando constancia del dicho "la carne de burro no se transparenta". Juro que algún día le romperé en la espalda un asiento de plástico de los niños a alguno de vosotros.

Y no quiero irme sin mencionar al simpático autobusero que me está viendo correr para coger el transporte público y me cierra las puertas en las narices, dejándome en tierra. A la pareja que mete su compra en bolsas y paga con suma lentitud a la cajera, y no se mueve del sitio hasta que no ha colocado todas su tarjetas y monedas, formando una enorme cola tras ellos. A los desgraciados que salen pegando voces y cantando a las 5 de la mañana de los bares de debajo de mi casa, y me despiertan de ese sueño cojonudo que estaba teniendo. Y a los funcionarios ineptos que se esfuerzan por trabajar menos y joder más.

A todos ellos... os odio.


Y que os de por culo un orangután con clavos en la polla.